El miedo no anda en burro: El temblor en Morena tras las entregas de Sinaloa
Dice el refrán popular que “el miedo no anda en burro”, y hoy, en los pasillos de Palacio Nacional y en el búnker de Morena, ese miedo no solo camina rápido, sino que tiene nombre, apellido y un pánico fundado.
La detención de los exsecretarios del gobierno de Sinaloa no es un golpe de timón de la justicia mexicana, ni una medalla que la dirigencia del partido oficialista pueda colgarse. Es algo mucho peor para ellos: una entrega voluntaria que huele a pacto de sobrevivencia.
Cuando un alto funcionario decide entregarse por su propio pie a las autoridades no lo hace por un repentino ataque de civismo. Lo hace porque el agua le llegó al cuello y prefiere negociar un boleto de salida antes de que el barco se hunda por completo.
El nerviosismo en la cúpula morenista es real, concreto y perfectamente justificado. Durante años, Sinaloa ha sido el talón de Aquiles de la narrativa oficialista sobre la “pacificación” y la honestidad.
Las piezas del rompecabezas regional siempre han estado bajo la sospecha del pacto y la omisión. Hoy, esas piezas empezaron a hablar.
El verdadero peligro para la llamada “Cuarta Transformación” no es la foto de sus exfuncionarios tras las rejas, sino lo que van a decir para salir de ellas.
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha navegado durante meses en un mar de contradicciones, viajes sospechosos y explicaciones que no sostienen el menor análisis lógico.
Si los exsecretarios que operaban las entrañas de su administración deciden “cantar” para salvar la piel, el gobernador quedará completamente desarmado. Su caída no sería un evento local; sería un terremoto político en el corazón del proyecto oficial.
El efecto dominó sobre el movimiento: Morena ha fincado su poder en una supuesta superioridad moral. Sin embargo, la entrega de estos personajes demuestra que las estructuras estatales del partido están profundamente vulneradas.
La soberbia oficialista suele ignorar que, en el juego del poder, la lealtad dura lo que dura el presupuesto o la libertad. Al entregarse, los exsecretarios sinaloenses enviaron un mensaje fulminante a sus superiores: no nos vamos a hundir solos.