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¿Asesino serial o miedo colectivo? El ataque en papelería de Ixtapa que volvió a encender las alarmas

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Hay momentos en que una ciudad deja de sentirse segura incluso antes de que las cifras lo confirmen. Puerto Vallarta parece entrar poco a poco en ese terreno incómodo donde el miedo empieza a instalarse en la rutina diaria. Lo ocurrido el día de ayer en una papelería de Ixtapa no solo fue un asalto violento contra una joven estudiante, sino otro golpe emocional para una ciudad que en los últimos meses comenzó a acostumbrarse demasiado rápido a palabras que antes parecían lejanas: feminicidio, disturbios, desapariciones y violencia.

La agresión contra la joven ocurrió a plena luz del día y dentro de su espacio de trabajo. Un sujeto la atacó con un arma blanca, robó y escapó. El hecho provocó indignación, pero también miedo colectivo. Porque cuando una estudiante termina herida mientras trabaja, la sensación que queda es que cualquiera puede convertirse en víctima en cualquier momento.

Parte de esa percepción comenzó a crecer desde el 22 de febrero de 2026, cuando la región vivió momentos de tensión tras la captura y muerte de una de las personas más buscadas del mundo, “El Mencho”. Desde entonces, algo cambió en Vallarta. Las conversaciones dejaron de centrarse únicamente en lo bonito del puerto y comenzaron a llenarse de notas de violencia, y cuando la ciudadanía percibe que los hechos violentos ocurren y no pasa nada, aparece una peligrosa normalización del miedo.

En medio de ese ambiente, el ataque contra la joven de la papelería reforzó en redes sociales versiones sobre un supuesto “asesino serial” en Puerto Vallarta. Sin embargo, hasta ahora no existen elementos que relacionen este caso con los feminicidios recientes. Aunque el temor social es entendible, la desinformación solo alimenta la histeria colectiva y desvía la atención de problemas mucho más complejos, y aquí el asunto es que algunas páginas y usuarios prefieren el impacto inmediato antes que la responsabilidad informativa.

Mientras tanto, el Ayuntamiento responde con comunicados donde presume más de 76 millones de pesos invertidos en seguridad, patrullas, radios y programas institucionales. Pero en la calle la percepción es otra. Porque una ciudad no se siente segura por la cantidad de vehículos comprados, sino por la tranquilidad con la que sus jóvenes pueden salir a estudiar, trabajar o volver a casa.

Puerto Vallarta todavía está lejos de convertirse en una ciudad tomada por el caos, pero ignorar el miedo social también sería un error. La violencia no solo destruye vidas, también rompe la confianza y cambia la manera en que las personas viven su propia ciudad. La pregunta incómoda es cuánto tiempo más podrá sostenerse la narrativa de tranquilidad mientras la ciudadanía comienza a sentirse cada vez menos segura en las calles.

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