El hombre, de origen extranjero, trasladaba 10 contenedores con el metal tóxico. Las autoridades detectaron la sustancia al revisar su equipaje con equipos de rayos X, cuyas imágenes revelaron los recipientes metálicos en los que ocultaba el mercurio.
Un extranjero fue detenido en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México tras intentar trasladar mercurio en su equipaje. El aseguramiento ocurrió durante labores de revisión encabezadas por autoridades federales, quienes detectaron el metal en contenedores ocultos dentro de maletas.
El Gabinete de Seguridad federal informó que en el operativo participaron elementos de la Secretaría de Marina (Semar) y personal de Aduanas del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Hasta ahora, las autoridades no han precisado la nacionalidad del detenido ni el método exacto que utilizó para intentar ocultar la sustancia.
Las imágenes difundidas muestran, a través de rayos X, dos maletas con recipientes metálicos en su interior. En total, se aseguraron 10 pequeños contenedores —descritos como termos— que almacenaban el metal. Cada envase estaba sellado herméticamente y protegido con plástico de burbujas.
Por el momento, tampoco se ha esclarecido el destino final ni el propósito del traslado del mercurio.
El caso surge en un contexto marcado por recientes investigaciones de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), que señalan que el Cártel Jalisco Nueva Generación mantiene control sobre minas en Querétaro, donde se extraerían al menos 30 toneladas de mercurio al año. Según ese informe, el material saldría del país hacia Perú, Bolivia y Colombia, presuntamente al margen del Convenio de Minamata.
El documento también refiere que el tráfico de este metal comenzó en 2019 y se consolidó conforme el grupo delictivo amplió su presencia en la entidad. Las ganancias por su comercialización alcanzarían cifras millonarias a nivel internacional.
¿Qué es el mercurio?
El mercurio es considerado una de las 10 sustancias más letales del mundo. Una vez extraído, no se degrada fácilmente, lo que implica riesgos persistentes para la salud y el medio ambiente.
Se trata de un metal líquido, identificado con el número atómico 80, utilizado tradicionalmente en termómetros, lámparas fluorescentes e interruptores eléctricos. Aunque permanece estable a temperatura ambiente, al calentarse se transforma en un gas incoloro e inodoro, lo que incrementa su peligrosidad.